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Fruti Yas: Fruto de la esperanza y el sacrificio

Juan Pablo León

Eran las 3 de la tarde de un día cualquiera, con un sol radiante en toda la ciudad y que lograba cansar a cualquiera. Cuando llegué a su negocio, inmediatamente reconocí su carisma y actitud servicial, nos saludamos mientras organizaba las sillas y limpiaba las mesas de su heladería y frutera: Fruti Yas.

Era Yasmin Ramírez, quien habría como todos los días su negocio a la misma hora en la que el sol logra su mayor esplendor. Ubicada sobre la calle 2 sur con la carrera 55 en Cristo Rey, avanza igual que varios comerciantes del sector conocido como la 4 sur.

Yasmine es una madre cabeza de hogar, que dejó su trabajo y toco las puestas del emprendimiento, a partir del impulso de sacar adelante a su hijo y de no estar más esclavizada en un trabajo de más de 12 horas diarias.

Con sus ahorros y actitud empresarial emprendió y hoy saca los frutos (aunque con las uñas) de su frutera y heladería. Y es que hacer jugos y batidos no es cosa de cualquiera, “En mi trabajo anterior me cambiaban de sede y mis compañeros querían que me quedara siempre en un solo lugar porque les enseñaba a hacer los jugos y mezclas”, afirma Yasmine.

La conversación se vio varias veces interrumpida por su fama en el sector y las cantidades de saludos en ese lapsus de tiempo fueron varias: “Hola Mona, que más”, eran las expresiones de los transeúntes que pasaban por la calle 2 sur, quienes la conocían de toda la vida. Yasmine se fue un tiempo a vivir fuera de Medellín pero volvió a dónde nació y creció.

“La mona” como es bien conocida en el barrio Cristo Rey, es una mujer que prácticamente toda su vida se ha dedicado a tener su negocio y hacer jugos. “Antes tuve otra heladería con mi ex esposo en la 3 sur y se la vendí a mi mamá, luego trabajé y monté una licorera, pero no le estaba dedicando el suficiente tiempo a mi hijo”, cuento ella la razón por la que decidió emprender sola y luchar por el futuro de ella y su hijo de 11 años.

Después de montar tres negocios, se fue a vivir Envigado por su trabajo, se separó y volvió como cualquier viajero en busca de su destino, destino que hoy es su paz y tranquilidad con su hijo y la heladería, que a pesar de la situación económica ha sacado adelante con préstamos y sus ganas. Pero antes de partir, esta vez a mi destino, yo no me podía ir sin probar uno de sus tantos productos, un jugo de maracuyá que me devolvió el alma al cuerpo en pleno sol de la tarde de un día cualquiera. Creo que esa misma sensación de volver el alma al cuerpo sintió ella cuando tenía el tiempo para su hijo y su Frutería Fruti Yas.

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